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El amor es más fuerte

Lidia y Víctor

El amor es más fuerte

Historias de Pacientes


Cuando en el verano del 2000, Víctor Hugo Montenegro entró al maxikiosco de Lidia Másino para comprarle un helado a la pequeña Vanessa, no imaginaba que ese encuentro fortuito le cambiaría la vida para siempre.

Ambos venían de atravesar situaciones personales difíciles: Víctor Hugo todavía cumplía el duelo de su esposa fallecida un año antes y tenía que ser fuerte por sus tres hijos (la nombrada Vanesa, por entonces de ocho años, junto a Marcos y Franco).

Lidia, divorciada y madre de Natalia y Sebastián, llegó a Alta Gracia desde el conurbano bonaerense en busca de un futuro mejor.

El, empleado rural, había quedado subyugado por esa mujer tan simpática como atract6iva y, élla, cosmetóloga, intuía que ese hombre sería algo más que un simple cliente en una tarde de verano.

Así, tan simple y sencillo, comenzó un amor que perdura y se incentiva veinte años después, cuando una enfermedad de Víctor Hugo pone en pie de guerra y en alerta a toda la familia con Lidia como estandarte de perseverancia, esfuerzo y voluntad.

Desde abril pasado, Víctor Hugo tiene que dializarse debido a que los análisis detectaron problemas en sus riñones.

La noticia, si bien impactante en un primer momento, enseguida se transformó en una causa común para esposa e hijos, quienes se interiorizaron de distintos aspectos de la enfermedad para acompañar a Víctor Hugo y ayudarlo a superar el trance.

En ese sentido, Lidia decidió donar uno de sus riñones a su querido compañero.

“Ojalá que haya compatibilidad y pueda serle útil, él siempre ha sido muy bueno con todos nosotros y se merece lo mejor”, señala desde la casa familiar de Rafael García, la tranquila localidad ubicada a pocos kilómetros de Alta Gracia.

Mientras espera la concreción del trasplante, el ex trabajador rural y flamante jubilado se dializa tres veces por semana con la íntima alegría de sentirse protegido y mimado por sus seres queridos.

NDR: Difundimos este caso para ejemplificar lo que desde Aterym siempre pregonamos: la importancia que significa el vínculo y la ayuda familiar para enfrentar y atravesar una enfermedad nueva para el paciente y, así, poder llevar el tratamiento de la mejor manera. 

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